lunes, 19 de julio de 2010

Al otro lado

Silencio,
Se abren las puertas del firmamento
Y los hilos invisibles traman el presente,

Respiro,
Soy el aire que traspasa hacia el infinito adentro,
El mismo que hace cantar la multitud de seres en el universo,

Veo,
Que cae la inteligencia como un rayo repentino
y el desdoble de su voz que repercute como un eco hacia el vacío,

toco,
con la extensión electrizada de mi cuerpo, los flujos,
las corrientes, Dios,
el oleaje permanente,
el alba milagrosa que deshace los nudos de las dudas,
la espesa noche que me vuelve sombra, estrellas,

Soy,
La flama de un fuego encendido sobre la tierra,
la fértil tierra detrás de un disfraz de pobreza,
la conjunción de astros, edades, leyendas,
contenidos en cada desatino,

Yo no quiero ser el centro de nada,
Quiero vivir aquí,
En el Poder del trueno,
En la frialdad de la muerte,
Al lado de quien guarda un secreto,

Él es quien ha desaparecido,
El umbral brillante,
El vórtice de luz del que brota
la realidad de lo bello, lo sutil, lo verdadero,

No quiero ser para mí

miércoles, 14 de julio de 2010

Sagrados despojos

Ruedan las cabezas en las calles
-casi a diario-
de anónimos despojos.

Humanos son aunque se diga lo contrario;
hombres,
sujetos de la máquina,
adictos a entre líneas y ganancias;
hombres,
amigos, familiares, hijos y padres y vecinos;
amorfas mezclas de ancianos y pubertos,
su horizonte es hacer para la muerte.

Yo miro sus retratos en los diarios,
-cadáveres anónimos viajando hacia la morgue-
y nada siento
-ha de ser porque al mirarlos hace frío-;
es algo menos que una cáscara su efigie,
y alguna novia ha de llorarlos sin embargo,
-alguna madre irá a identificarlos-
y seguro que dejaron enemigos.

Hombres anónimos y estúpidos
que mueren aferrados al gatillo,
deseando la hora -al reventar por dentro-
que lo ha de vengar la muerte en en su asesino.

Imagino
que al apagárseles la vida le rezan a una virgen,
claman por sus madres,
por sus hijos lloran,
y en imágenes revueltas,
se consuelan con los "bienes"
que han de salvar de la miseria a los que quieren.

Humanos son, y pobres,
ahijados a la sombra
de un necio actuar sin rumbo,
a la estridencia adictos,
donde simula festejar ante sus ruinas;
hombres,
incubados al encierro
de calles que se extienden por el mundo,
procreados en mares de alquitrán,
ciegos,
huérfanos de un mundo
reducto de muros y basura,
mundo de ficticias libertades,
manicomio erguido a su estatura...
y cárcel.

Los despojos caen,
ruedan sus cabezas,
como gira casi todo:
las llantas y los días,
la fortuna y el destino.
ruedan,
despojadas de sentido,
mientras gira indiferente
el Universo con sus ciclos,
expresando el Tiempo
-¡eras sin hombres!-
a cada movimiento...


Aquí en la noche se miran las estrellas,
detrás de los disparos y sirenas,
se oye,
la música magnífica del cielo
que acompaña la danza mayor
del bailador del mundo,
que en un instante
ejecuta algunos pases
de muerte y tragedia con los dedos.

Yo no sé que cosa quede
de esta patria temporal en la que vivo,
pero sé de donde viene,
que todos los errores que respiro
son la fruta de un arbol que se muere,
y que hay en las semillas un principio.